Son muchas las personas que dieron de su tiempo y talentos para ayudar a las victimas del trágico accidente ocurrido en la localidad de Villa El Salvador en Lima.  Compartimos un artículo que resume algunas acciones realizadas por personas que de manera desinteresada, prestaron servicio y ayudaron a los que más lo necesitan:

Cuando Patty Mamani, de 35 años, se enteró del accidente en Villa El Salvador (VES), que ya dejó 14 fallecidos, más de 40 heridos y decenas de damnificados con sus viviendas dañadas por la deflagración, tomó un carro desde Lurín, donde vive, hasta el Hospital de Emergencia de VES para ofrecer su ayuda. “Estaba un poco delicada y no podía donar sangre. Pero me puse a parar carros para conseguir donantes como sea”, cuenta. Llegó por la mañana y se fue a su casa recién a las 11 p.m. Al día siguiente, volvió a las 8:00 a.m. con un micrófono para conseguir leche de fórmula para los bebes hospitalizados y pañales para los pacientes adultos. Y el sábado también regresó.

Mientras recolectaba las donaciones, se le acercó una mujer de 65 años. Se llamaba Sonia Macedo y era recicladora. “No soy pudiente”, le dijo. “Pero doy con amor”. La señora había llevado tres bolsas enormes con ropa, zapatos y pañales. Aun así se echó a llorar creyendo que no era suficiente. Mamani la abrazó. Macedo no había desayunado.

 

No solo el Ministerio de Salud, que ha enviado a 48 psicólogos para acompañar a los deudos en esta etapa, se ha ocupado de la salud mental del barrio. En la zona han aparecido pegados varios letreros con mensajes de solidaridad. Sus autoras son unas jóvenes universitarias. En una de las cartulinas se lee: “No te rindas. Dios está contigo y nosotros también”. Otra dice: “No desmayes, amigo, y resiste, porque hay mucha gente orando por ti”.

Juan Alberto Sinchis, de 33 años, se transformó  en el payaso Colorín para ofrecer un show a los niños de las avenidas Pastor Sevilla y Villa del Mar, en VES. Llegó a las 9 a.m. con los otros 11 miembros de su agrupación de animadores, clowns y payasos e hicieron bailar, saltar y reír a los pequeños, para quienes sus calles se han convertido en enormes velatorios.

El show duró más de dos horas y se reanudó a las 3 p.m. Sinchis usó una carpa instalada por el Ministerio de Educación para que los menores pudieran disfrutar la función bajo la sombra. Les llevó también juegos didácticos para que pasaran el tiempo y, en otro momento, los muchachos se pusieron a pintar y a formar animales de origami con las hojas y colores que una ONG les entregó.

“Nuestra labor es que los niños se distraigan. Y si podemos llevar un poco de felicidad a los adultos, también. Hemos visto a varios padres asomándose”, cuenta el payaso, quien además estuvo organizando una olla común.

Así como él, muchos ciudadanos donaron comida. Gian Carlo Amar Reyes, de 28 años, llamó a sus compañeros de trabajo y los comprometió a ayudarlo a llevar almuerzo a los damnificados. “Vivo en el Callao, por el aeropuerto. Desde allá vinimos en un taxi con dos ollas de comida. Mi mamá, María, de 62 años, se levantó a las 4 a.m. para cocinar el arroz y la carapulcra”, cuenta.

Amar estaba con descanso médico y con problemas para caminar. “Se me vació el líquido de la rodilla. Pero algo tenía que hacer. Así que conversé con mis amigos del trabajo, somos del sector transporte, y vinimos”, cuenta. El grupo llegó a las 11 a.m. y repartió 90 raciones, que se acabaron antes de la 1 p.m.

Fuente: Diario El Comercio


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