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Éxodo 2 relata el nacimiento de Moisés y explica cómo su familia le libró de morir a través de su preservación en un arca de juncos (Éxodo 2:1). Cuando fue encontrado por la hija del Faraón, ésta lo tomó, lo sacó para que se le amamantara y lo adoptó como su hijo, Éxodo 2:4.
Habiendo sido criado en la corte de Egipto como un príncipe, el corazón de Moisés, sin embargo, se conservó hebreo y, cuando creció, trató de impartir justicia y proporcionar algún alivio a su pueblo. Intervino para evitar el castigo injusto de parte de un capataz egipcio contra uno de los esclavos hebreos, hiriendo de muerte al ofensor. Esta defensa debió haber sido agradecida por el pueblo, pero al día siguiente, cuando trató de reconciliar a dos hebreos en desacuerdo, uno de ellos le reprochó haber matado al egipcio (Éxodo 2:11). Moisés se dio cuenta entonces que estaba en peligro, pues si el Faraón se enteraba de sus acciones le mataría.
La amenaza descrita lo obligó a huir a Madián (Éxodo 2:15), donde conoció a las hijas de Reuel, el sacerdote local, y las defendió contra los pastores que dispersaban sus rebaños (Éxodo 2:16).  Reuel fue informado de esta valiente acción y lo invitó a vivir con él. Con el tiempo, Moisés se casó con la hija de Reuel, Zipporah, con quien tuvo un hijo (Éxodo 2:18). El capítulo de Exodo 2 concluye con la muerte del rey de Egipto y la esclavitud dolorosa de los israelitas, y sus gritos y súplicas, que son escuchadas por Dios (Éxodo 2:23).
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