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Éxodo 1 comienza haciendo un recuento de los nombres y el número de los hijos de Israel que entraron a Egipto con Jacob (Éxodo 1:1) y lo relaciona con el sorprendente aumento en la población de los israelitas después de la muerte de José (Éxodo 1:6). Este aumento es tal que comienza a percibirse como una amenaza para la soberanía de Egipto. El faraón de los egipcios usa entonces métodos crueles con el objeto de disminuir su población, pero sin éxito. Por más que se obliga a los israelitas a la  esclavitud y al duro servicio, pareciera que cuanto más sufren, más se incrementan (Éxodo 1:9). El Faraón entonces ordena a las jefas de las parteras hebreas que maten a todos los hijos varones que nazcan; pero las parteras tienen amor a Dios y se las arreglan para no obedecer la orden del rey de Egipto. Dado que el pueblo continúa multiplicándose (Éxodo 1:15), el faraón ordena que cada hijo varón sea echado en el río (Éxodo 1:22). Esta dramática situación establece el preámbulo del relato del nacimiento de Moisés, que se proporciona en el siguiente capítulo.
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