38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. (Nuevo Testamento | Juan 18:38, énfasis agregado)

Yo creo que la verdad, por definición, no puede ser relativa. Me explico.

Mi concepto de la verdad es que se trata de «la correspondencia del pensamiento con la realidad». Si lo que pienso se corresponde con la realidad, entonces mi pensamiento es algo verdadero. Si mi pensamiento no se corresponde con la realidad, entonces mi pensamiento es falso, no importa cuán sinceramente crea en él. No creo que haya medias tintas a eso. De manera que la verdad es lo que es, la correspondencia con lo que existe. Ese es el concepto original de la verdad.

Ser o no ser… la determinación del concepto de la verdad

La situación, entonces, no se trata de determinar si creo o no en Dios, porque la sinceridad de mi creencia no va a cambiar la realidad, sino de determinar si Dios existe. Problema complicadísimo ciertamente desde el punto de vista racional, pero que para mí se remite de manera más simple a las palabras de Jesús de Nazaret: quien quiera comprobar si Dios dice la verdad, que haga la voluntad de Dios y compruebe si recibe las bendiciones prometidas.

Aquí lo único que hay que enfrentar es la renuencia del alma a seguir las normas propuestas por Dios. La lucha contra esa renuencia también recibe un nombre: es el concepto de la humildad.

El método experimental en la vida diaria

Llevando esto al terreno práctico: si Dios dice que ore para llegar a conocerlo y resulta que por fin decido orar (no rezar mecánicamente, sino orar) y de pronto resulta que siento su presencia, que recibo inspiración y respuesta a mis preguntas y mis oraciones y que en general la vida es mejor después de orar, ¿no estoy recibiendo una confirmación factual, no intelectual, de que mi creencia se corresponde con una realidad?

Para mí, la relación causa-efecto entre los mandamientos de Dios y las bendiciones prometidas es una prueba más directa y, por cierto, objetiva, de la existencia de Dios que los razonamientos de los eruditos durante los siglos de los siglos. Los cristianos han dado por llamar a esto «testimonio»: la comprobación de la verdad a través de la experiencia.

No es ensayo y error

No es ensayo y error, sino el método experimental, porque la verdad, si es que es verdad, debe ser reproducible, y ser la misma para todos. La verdad representa congruencia con la realidad y, por lo tanto, conformidad con una ley. Y conforme conocemos esa ley, llamada para los creyentes «el evangelio de Jesucristo«, menos necesidad hay de irse a ensayo y error y de reinventar el hilo negro. Podemos irnos sobre las «mejores prácticas»: fórmulas reconocidas, probadas, experimentadas con éxito, por tanto altamente recomendadas. Aquí hay una de ellas:

El resultado natural de la verdad es la libertad

En balde se puede hablar de «emancipación» si dicha emancipación no surge de un conocimiento correcto, de un concepto de la verdad, de la congruencia entre lo que hay en nuestro pensamiento y lo que hay «allí afuera» en la realidad. Porque se puede hacer muchísimo esfuerzo siguiendo la causa equivocada. Se puede, de hecho, desperdiciar de esa manera muchas vidas humanas, y eso aún con las mejores intenciones. También se pueden romper las cadenas de las manos de los hombres para encontrar después que, tras la supuesta emancipación, los hombres pueden aún seguir encadenados por dentro, víctimas de sus propias esclavitudes internas. Sin descartar para nada la liberación externa, Jesús propuso una solución más integral, un principio que es el desencadenante de la verdadera libertad:

Conclusión

José Smith, un líder religioso al que personalmente admiro, decía que se aprende más en cinco minutos de asomarse a los cielos que a través de la lectura de todo lo que se ha escrito al respecto.

Por medio de la aplicación del evangelio en mi vida, lo que antes solamente creía, ahora que es verdad.

Y ese es el fundamento de mi propio testimonio.

Me encantará conocer tus comentarios.