Introducción

Los Santos de los Últimos Días somos, o debemos ser, los mejores lectores de entre todos los pueblos. Se ha escrito tal cantidad de literatura de y sobre la Iglesia que algunas personas llegan a meter en el mismo saco todas las fuentes y a usarlas de manera indistinta. Esto, por supuesto, no es lo correcto. Un buen investigador sabrá calificar todas las fuentes en su debido nivel de autoridad.

Lo que es “de la Iglesia”

En primer lugar, habrá que distinguir aquello que es de la Iglesia de aquello que es sobre la Iglesia. Y es que no todo es “de la Iglesia”. Lo que es “de la Iglesia” es aquello que la Iglesia publica bajo su propio nombre. En la actualidad, se distingue porque tiene el sello de la Iglesia o leyendas tales como “publicado bajo la dirección de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce”.

Lo oficial y lo no oficial

Aún dentro de esta categoría suelen distinguirse dos tipos de materiales. Los materiales oficiales son los únicos que pueden utilizarse en clases y discursos regulares de la Iglesia. Estos materiales están autorizados para la Iglesia para ese uso. También son los únicos que se deben considerar enseñanza oficial de la Iglesia.

Pero, en paralelo con éstos, la Iglesia ha publicado numerosos materiales de apoyo para facilitar el entendimiento de los miembros. Aunque estos materiales son “de la Iglesia”, no son oficiales. Se proveen no para ser enseñados en la Iglesia, sino para mejorar el estudio personal. Por ejemplo, el libro “El Milagro del Perdón”, el libro “Artículos de Fe” y el Diccionario Bíblico que acompaña a la versión King James de la Iglesia son ejemplos de publicaciones de la Iglesia que no tienen un carácter oficial. La mayoría de estos libros puede distinguirse con sólo ver el prefacio, en que el autor suele hacer lo que editorialmente se llama una renuncia: es decir, coloca una nota en que se responsabiliza a sí mismo por el contenido. El Milagro del Perdón es un ejemplo de esto.

Cabe notar, además, que la mayor parte del contenido de la revista Liahona, sobre todo las partes que son experiencias personales, no son enseñanzas oficiales de la Iglesia. Pero sí los discursos de las Autoridades Generales que se publican en esta misma revista, especialmente la Conferencia General.

Los materiales no oficiales de la Iglesia se mantienen, por supuesto, en la mejor armonía con los oficiales. Pero en caso de discrepancia damos preferencia a los oficiales.

Lo que es “sobre la Iglesia”

Después, tenemos que hablar de los materiales sobre la Iglesia. Las Escrituras nos instan a estudiar “de los mejores libros” para que podamos aprender “tanto por el estudio como por la fe”. Se trata de un campo muy amplio. Dado que la gloria de Dios es la inteligencia, incluimos en estos libros un repertorio muy, pero muy extenso. No todos comprenden cómo estudiar este material para sacarle un verdadero provecho.

El esquema de círculos concéntricos

El conocimiento debe crecer como una onda en expansión.

Imaginemos una piedra arrojada al agua. Lo que se produce es un esquema de círculos concéntricos en expansión. Al centro deben estar las Escrituras y los escritos de los profetas de Dios, siempre. Después, los escritos de otras Autoridades Generales, oficiales y no oficiales. Es sólo entonces, una vez segura la base, que podemos expandirnos a los mejores libros. Incluyamos, por ejemplo, la obra de los eruditos Santos de los Últimos Días, como los que se producen continuamente en las universidades de la Iglesia. O la obra de escritores independientes Santos de los Últimos Días.

Una vez que conozcamos un poco de estas obras, podremos disfrutar mejor otras, como las de ciertos escritores selectos del mundo evangélico, las obras de los escritores patrísticos de los primeros siglos o la obra de algunos escritores independientes no miembros que son especialistas en diversos temas.

Cómo asegurarse de que se aprende la verdad

El valor de todo este acervo es mucho y son “los mejores libros” que las Escrituras nos piden que conozcamos. Las Autoridades Generales los usan, los citan y los recomiendan. Mas el problema con todas estas obras “sobre la Iglesia” o “sobre el evangelio” es que, en muchas ocasiones, no expresarán puntos de vista uniformes. Y no todo lo que contengan puede ser considerado como doctrina. Por lo tanto, aunque manuales oficiales como “Enseñar a la manera del Señor” recomiendan su uso, debemos escoger de ellos sólo lo que sea compatible con la doctrina de la Iglesia. ¿Y cómo asegurarse de hacer esto?

De adentro hacia afuera

Recuerda, el esquema es el de una onda en expansión, en el que aprendes de adentro hacia afuera. El centro. Lo que te da equilibrio es el centro. Si jamás sueltas las Escrituras y las palabras de los profetas, si arreglas tu vida y tu estudio de modo que éste sea tu centro, tendrás la barra de hierro que te mantendrá en curso hacia el árbol de la vida. Y tendrás también el parámetro para reconocer y evaluar la doctrina, donde quiera que la encuentres. No temas leer los mejores libros. Tan sólo asegúrate de no soltarte de la barra y de que tu aprendizaje sea de adentro hacia fuera.

Una vez que hagas esto descubrirás aquí y allí muchas pequeñas cosas que alientan esta expansión. Por ejemplo, verás que el élder Talmage, en su libro oficial “Jesús el Cristo”, recomienda la lectura de libros que no siempre son “de la Iglesia”, y anexa una bibliografía de ellos. Pero primero deberás leer “Jesús el Cristo” (el libro oficial), luego estos otros libros, para poder entenderlos en la perspectiva correcta. Verás que lo mismo pasa en casi todas las publicaciones y discursos de la Iglesia: se anexa una bibliografía recomendable y se citan autores cuyo conocimiento puede alentar tu expansión. Pero el orden, en este caso, sí afecta el producto. Debes ir siempre en el mismo orden, de adentro hacia afuera.

La Iglesia te invita a escribir

Descubrirás, también, que las Autoridades Generales de la Iglesia han hecho un llamado insistente para expresar tu opinión. Pero no verás este llamado hasta que les sigas la huella, hasta que estudies sus escritos, en el centro. Entonces verás que apóstoles como élder Ballard, élder Cook y el élder Oaks han hecho exhortaciones para que los Santos escribamos libros, publiquemos blogs y participemos en las redes sociales, con la esperanza de que expresemos nuestro testimonio, contemos nuestra historia, brindemos servicio y defendamos gentilmente el evangelio. Y esto, una vez más, usando los mejores materiales y los mejores libros. De adentro hacia afuera. Y te darás cuenta de la relación que eso tiene con la visión del futuro de los lamanitas, tal como la expresó el presidente Kimball, en la cual vio un florecimiento de escritores latinos, aportando también sus propios escritos a favor del evangelio.

Y entonces, de la misma manera, quizás puedas contribuir a expandir la Iglesia. Con un conocimiento amplio centrado en la doctrina fundamental del evangelio. Con suficiente conocimiento para predicar ante reyes, gobernantes y magistrados. Como Alma y como Pablo de Tarso. Como el ejemplo que nos brindan, hoy en día, las Autoridades Generales de la Iglesia. Porque la gloria de Dios es la inteligencia y podemos aprender tanto por el estudio como por la fe, sin interrumpir nuestro avance hacia el árbol de la vida. Ojalá y allí nos encontremos todos.