En qué consiste la promesa del Espíritu Santo

Lucas hace hincapié en un mandato final impartido por Jesucristo a sus apóstoles tras la resurrección. Según este mandato,ellos debían permanecer en Jerusalén a la espera de una promesa doble:

  1. Recibir el “bautismo del Espíritu Santo”, hoy conocido como el don del Espíritu Santo (ver Hechos 1:5, compárese con Juan 14:26), y
  2. Ser “investidos con poder desde lo alto” (ver Lucas 24:49)

La parte inicial del cumplimiento de esa promesa a partir del día de Pentecostés se narra más adelante, en el segundo capítulo de Hechos.

La promesa del Espíritu Santo en las enseñanzas de Juan el Bautista

Juan el Bautista enseñó también sobre un segundo bautismo, que debía ser aplicado después del de agua. Hablando acerca del Mesías, a quien él anunciaba, Juan el Bautista dijo: “el que viene tras mí, cuyo ľcalzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego” (Mateo 3:11).

Aplicación de la promesa del Espíritu Santo en la Iglesia Primitiva

En la Iglesia Primitiva, los apóstoles, autorizados para este fin por Jesucristo, imponían las manos a quienes eran bautizados para que pudieran “recibir el Espíritu Santo” ( Hechos 8:14:22; 19:2-6). Realizaban esta labor en representación del Salvador, por medio de la autoridad del sacerdocio de Melquisedec. En esto se distinguían de Juan el Bautista, que sólo poseía la autoridad del sacerdocio aarónico.

Aplicación de la promesa del Espíritu Santo en la actualidad

En nuestra dispensación, dentro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, a los nuevos conversos también les son impuestas las manos después de su bautismo para que puedan recibir el don del Espíritu Santo. Esta ordenanza se corresponde con el “bautismo de fuego” o “bautismo del Espíritu Santo” mencionado en el Nuevo Testamento (ver Hechos 1:5; Doctrina y Convenios 19:31). Así mismo, se procura que los misioneros reciban la ordenanza de la investidura del templo para que reciban “poder de lo alto” antes de comenzar a predicar efectivamente en sus misiones (ver Lucas 24:49; Doctrina y Convenios 95:8-9).