Principales características del salmo 121

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    Introducción a las características del salmo 121

    Las siguientes son las principales características del Salmo 121. Puedes usar este artículo para fortalecer tu memoria y para concentrarte en puntos sobresalientes sobre este capítulo de las escrituras.

    Contenido

    En el salmo 121, el salmista reflexiona sobre el tierno y amoroso cuidado del Señor, al que califica como el Guardián que cuida y protege de todos.

    Personajes

    Dios, el salmista

    Conclusión

    Los santos, como seguidores de Jesucristo, debemos permanecer siempre cerca de nuestro Señor, a quien consideramos como la fuente de todo poder y toda fortaleza. Nuestra seguridad consiste en colocarnos a nosotros mismos bajo su siempre amoroso cuidado y protección.

    Palabra clave

    Guardador (Salmos 121:3, 5)

    Versículos notables

    Salmos 121:2

    “Mi socorro viene de Jehová”. Los Santos de los Últimos Días nos colocamos bajo el cobijo y protección de Dios al reconocer su soberanía y al confiar en el poder de su sacerdocio. Dios puede hacer cualquier cosa que sea necesaria para nuestro consuelo y protección, si lo buscamos con diligencia a través de la oración y de la obediencia a sus mandamientos.

    “Que hizo los cielos y la tierra”. Los Santos de los Últimos Días reconocemos a Jesucristo (llamado Jehová en su vida premortal) como el Creador de los cielos y de la tierra. “Los cielos y la tierra” es un hebraísmo para abarcar todo el universo conocido.

    Salmos 121:7

    Podemos confiar en que Jesucristo está profundamente interesado en el cuidado de cada uno de nosotros. Lo que nos parece importante también le parece importante. Si confiamos en Él y le seguimos, Él preservará nuestra integridad, sobre todo la de nuestra alma.

    Hechos notables

    El socorro que necesitamos proviene del Señor, lo cual incluye el sacrificio expiatorio que nuestro Señor Jesucristo realizó por cada uno de nosotros con el fin de proveernos de un medio para que nuestros pecados pudiesen ser perdonados y pudiésemos obtener, así, la vida eterna. Jesucristo es también nuestro Abogado ante el Padre y continúa intercediendo por nosotros constantemente desde su lugar a la derecha de nuestro Padre Celestial.

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