La espera de “la hora de Jesús” en el evangelio de Juan

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La hora de Jesús

Como característica y distintiva del evangelio de Juan, su autor, Juan el apóstol, usa continuamente referencias al tiempo del sacrificio de Jesucristo como “su hora”; es decir, la hora de Jesús. Primero se refiere a ello como una espera, luego como un cumplimiento. En esta entrada examinaremos los pasajes en los que el apóstol Juan establece en su narrativa una secuencia que, finalmente, alcanza una culminación.

La hora de Jesús en el evangelio de Juan

La espera de la hora de Jesús

Cinco pasajes en el evangelio de Juan hacen referencia a una “hora” o momento que aún no había llegado a la vida de Jesús, por lo que había que esperar para el mismo.

La espera de la hora de Jesús

Jesús expresó a su madre que aún no había venido su hora Juan 2:4
Mi tiempo aún no ha llegado Juan 7:6
No subo a la fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido Juan 7:8
Ninguno pudo prenderle porque aún no había llegado su hora Juan 7:30
Y nadie le prendió porque aún no había llegado su hora Juan 8:20

Análisis de la espera de la hora de Jesús

¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora

Jesucristo dice esta frase justo al comienzo de su ministerio, en el pasaje de la boda de Caná, donde transformó el agua en vino, lo que fue reconocido como el primero de sus milagros de orden público. Se dirige a su madre de manera respetuosa (el título “mujer”, dirigido a la madre, era honroso en aquella época), pero con la clara connotación de un programa o misión por cumplir de la cual Jesucristo ya estaba plenamente consciente.

Mi tiempo aún no ha llegado

Este y los siguientes tres pasajes se dan en un contexto semejante. Celebrándose en Jerusalén la fiesta de los tabernáculos, Jesús se ve en la coyuntura de asistir, como buen judío practicante, u ocultarse, en el conocimiento de que en Jerusalén sería perseguido. Sus hermanos no creen en la misión de Jesús y le brindan poca importancia, suponiendo que busca la fama, por lo que le aconsejan con sorna ir y darse a conocer. Jesús les responde que vayan ellos primero, porque ellos pueden ir cuando quieran (“vuestro tiempo siempre está presto”) pero él debe esperar las condiciones (“mi tiempo aún no ha llegado”).

Mi tiempo aún no se ha cumplido

Esta frase es un refuerzo de la razón anterior, dentro del mismo diálogo. El sentido del tiempo apropiado es tan importante para Jesús que repite el argumento para reforzarlo, con el estilo de paralelismo que es tan característico de los hebreos.

Mas ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora

Sin embargo, después de que sus hermanos habían partido, Jesús fue a Jerusalén también, pero en secreto. A mitad de la fiesta, comenzó a enseñar dentro del templo. La gente estaba atónita, pues sabía que las autoridades le buscaban, y en el templo estaba totalmente expuesto. Efectivamente, los líderes judíos enviaron soldados para prenderlo, pero estos volvieron con las manos vacías. El apóstol Juan arguye como razón que “aún no había llegado su hora”. Con esto es la tercera vez que se repite este argumento en el mismo capítulo.

Y nadie le prendió porque aún no había llegado su hora

Pero esta no es la única ocasión en que Jesús fue protegido por Dios durante la celebración. Al día siguiente volvió a presentarse en el templo, como si nada hubiera pasado. Tras salvar la vida de la mujer adúltera, Jesús enseñó unas palabras en el lugar de las ofrendas, dentro del templo, en un lugar completamente público, pero sin ser descubierto ni arrestado “porque aún no había llegado su hora”, según el relato del apóstol Juan. 

En resumen, los hombres no tenían la posibilidad de arrestarlo porque era protegido por Dios desde lo alto hasta que hubiese cumplido su misión, hasta que se hubiese cumplido “la hora de Jesús”. El momento para ser entregado al poder de los hombres aún debía esperarse en el futuro. En el transcurso de la lectura del evangelio de Juan descubrimos que Jesús tenía una profunda y clara consciencia de su misión y de la agenda según la cual debía desarrollarse. 

La llegada de la hora de Jesús

Pero, ¿cuál era entonces la hora de Jesús? El significado de estos pasajes se hace evidente más tarde, a través de tres pasajes que sirven de culminación a la espera:

La llegada de la hora de Jesús

Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado Juan 12:23
Sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre Juan 13:1
Padre, la hora ha llegado, glorifica a tu HIjo Juan 17:1

Análisis de la llegada de la hora de Jesús

Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado

Finalmente, es el propio Jesús el que declara que su hora ha llegado. Esto tiene lugar al ser visitado por unos gentiles, lo cual Jesús tomó como señal de que el momento de su sacrificio estaba cerca. Lo declara, pues, públicamente, para que sus discípulos sepan reconocerlo en el momento en que suceda, anticipándose al fin.

Sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre

Por tanto, Jesús procede a los preparativos para la culminación de su misión, comenzando con la institución de la Santa Cena. El apóstol Juan es muy claro al indicar 1) que Jesús tenía clara conciencia de que había llegado “su hora” y 2) que esta “hora” implicaría su paso “de este mundo al Padre”, es decir, que era la hora de su muerte y su resurrección.

Padre, la hora ha llegado, glorifica a tu HIjo

En el último momento de su libertad y tras instituir la Santa Cena e instruir a sus apóstoles, Jesús se dirigió al Padre para suplicar por el bienestar y protección de sus leales discípulos, en la oración conocida como “la oración intercesora”. Justo al elevar los ojos al cielo, comienza la oración con estas significativas palabras. Según el relato de Juan, fue al completar esta oración que Jesús entró al huerto de Getsemaní, lugar en donde fue arrestado. Desde ese momento, Jesús consideró llegada su hora hasta el momento en que declaró firmemente “¡Consumado es!” (Juan 19:30).

Conclusión

En el evangelio de Juan, “la hora de Jesús”, más que un elemento de suspenso es una declaración de la presciencia de Dios. Es digno de asombro el ver cómo Jesús comenzó su ministerio sabiendo “el fin desde el principio” (Abraham 2:8), con un conocimiento anticipado, claro y preciso de los tiempos y la agenda según la cual debía desarrollarse otra misión. A semejanza de otros profetas, tal como sucedió con Abinadí en el Libro de Mormón (ver Mosíah 13:1-9), Jesús fue protegido por Dios y su cronograma respaldado hasta que su misión fuese cumplida. El significado de “la hora de Jesús” queda claro en los últimos tres pasajes, en donde Jesús mismo declara lo que había esperado desde el principio: el momento de la expiación, que es también la antesala a su glorificación.

Bibliografía

  • John F. Walvoord y Roy B. Zuck, Dallas Theological Seminary, The Bible Knowledge Commentary: An Exposition of the Scriptures. (Wheaton, IL: Victor Books, 1985).

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