Herodes era un creyente judío solamente de apariencia. Su interés era congraciarse con el pueblo al que gobernaba sin comprometerse realmente en la creencia y práctica religiosa. Era judío, pero no un judío convertido.

Varios factores influyeron para que se generara en Herodes el Grande la conducta celosa que mostró hacia Jesucristo. Él había sido nombrado «rey de los judíos», pero no era un judío convertido y practicante. Su interés era sólo el poder. Tampoco era reconocido como «rey de los judíos» por el pueblo. Al no creer en el Mesías, él veía el nacimiento de otro ser llamado «rey de los judíos» solamente como una clara amenaza. 

¿Nació Herodes el Grande como judío?

Por nacimiento, Herodes era idumeo, por haber nacido en la provincia de Idumea, también llamada Edom. Se creía, entonces, que él no era propiamente judío, sino parte de la posteridad de Esaú (Edom). Eso provocaba que muchos judíos conservadores le vieran con recelo. 

¿Cómo influía el nacimiento de Herodes el Grande en su reconocimiento?

Tanto por influencia de su cultura como de su tradición, ni los esenios ni los fariseos reconocían sinceramente a Herodes como «rey de los judíos». Esto era algo sabido por Herodes, por lo que él llegó a sentirse celoso del título que le había sido concedido por Roma.

César Augusto identificaba sinceramente a Herodes como judío, pero decía de él «es mejor ser el puerco de Herodes que su hijo». César Augusto sabía que Herodes había asesinado a su propio hijo aunque, como judío, nunca habría matado a un cerdo para comerlo. Por tanto, los cerdos de Herodes estaban más a salvo que sus propios hijos. Este era el tipo de judaísmo, plagado de hipocresía, practicado por Herodes. En su soberbia, Herodes no concedió valor a las profecías mesiánicas sino para señalar al recién nacido Mesías como una amenaza.