Una parábola árabe

—Hijo mío —dijo el jefe árabe—, ve corriendo al manantial y tráeme una cesta de agua. El niño fue corriendo y llenó la cesta; pero antes que pudiera emprender el regreso a la tienda, toda el agua se había escapado.

Entonces dijo a su padre: —Aunque un gran número de veces he llenado la cesta de agua, toda se sale pronto.

Entonces el padre tomó la cesta y dijo: —Lo que dices, hijo mío, es la verdad. El agua no se ha quedado; pero mira cuán limpia está la cesta. Así será con tu corazón: no podrás recordar todos los preceptos que has oído, pero procura siempre atesorarlos y harán tu corazón puro y apto para usos celestiales.

Sin foto

Alfredo Lerin


Autor independiente evangélico
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