Una intercesión poderosa

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    Una intercesión poderosa

    En un país con características de primitivo, un hombre fue sentenciado a ser atado a un poste y fusilado por causas políticas. El honorable señor A se dio cuenta de la injusticia, y personalmente se interesó a favor del prisionero: su profundo interés se manifestó cuando, después de haber orado, rogó al gobernador que perdonara al prisionero; pero el gobernador no concedió el perdón. Entonces el señor A fue al lugar de la ejecución, a donde también acudió el gobernador. En el momento preciso en que se iba a dar la orden de disparar sobre el reo, el señor A se paró entre éste y los soldados que iban a ejecutar la sentencia, extendió su mano derecha hacia el gobernador pidiéndole clemencia y con la izquierda se descubrió el pecho ante los soldados para indicar que él prefería que lo fusilaran a él y no al inocente acusado. El gobernador suspendió el fusilamiento y dejó en libertad al reo que no tenía culpa alguna.

    El gobernante de esta anécdota no simboliza a Dios; pero el señor A sí simboliza a Moisés y a Daniel cuando se presentaron ante Dios implorando el perdón de su pueblo.—Adaptada de Higley’s.

    Sin foto

    Alfredo Lerin


    Autor independiente evangélico

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