Por qué resultó tan insidiosa la tentación del hambre

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    Por qué resultó tan insidiosa la tentación del hambre

    Hallándose Jesús hambriento y físicamente débil, el tentador se presentó con la insidiosa sugestión de que empleara sus facultades extraordinarias para proveerse de alimento. Satanás había elegido el momento más propicio para sus fines inicuos. ¿Qué no hará el ser mortal, qué no han hecho los hombres para aplacar los tormentos del hambre? Esaú vendió su primogenitura por una comida. Los hombres han combatido como bestias salvajes por los alimentos. Las mujeres han llegado al extremo de matar y devorar a sus propios hijos, más bien que soportar los dolores del hambre. Satanás sabía todo esto cuando se presentó delante del Cristo en el momento de su extrema necesidad física, y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, dí que estas piedras se conviertan en pan.” Durante las largas semanas de su reclusión, nuestro Señor se había sustentado con esa exaltación de espíritu que naturalmente habría estado presente en una concentración tan completa de la mente como la que indudablemente resultó de su extensa meditación y comunión con los cielos. En esta devoción tan profunda del espíritu, los apetitos corporales fueron dominados y reemplazados; pero era inevitable que la carne reaccionara.

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