Mala influencia de un padre

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    Mala influencia de un padre

    Una vez fui a almorzar en casa de un campesino, que me había invitado a comer con su familia. Era un hombre trabajador y honrado, pero no se fijaba en lo malo que es elogiar acciones feas en la presencia de los niños.

    Mientras comíamos y conversábamos, surgió el tema político, y hablamos de la mala administración que soportábamos entonces. Todos sabíamos que se robaba descaradamente en los distintos departamentos del gobierno.

    El dueño de la casa alegó que eso no tenía nada de particular. ¡Que si él llegara a ser algún día jefe de un departamento de la administración pública, robaría todo el dinero que le fuere posible coger!

    No me pareció bien que aquel hombre se expresara así, en presencia de sus hijos.

    Algún tiempo después ese señor falleció. Pasaron los años, y uno de los hijos de aquel hombre dejó el trabajo de siembra de cañas, a que estaba dedicado, y se puso a comprar gallinas y pollos entre los campesinos y venderlos en el pueblo.

    Este comerciante de pollos, notando lo poco que le dejaba su negocio, exigió una cantidad de dinero a un colono rico. Este comunicó a la guardia rural, la exigencia del “pollero”.

    Los guardias, en combinación con el colono, pusieron una emboscada al joven “pollero”, quien cayó en la trampa, y como hizo resistencia a la fuerza pública murió acribillado a balazos.

    El padre de ese infeliz joven, nunca llegó a robar; pero, sus conversaciones imprudentes condujeron al hijo al abismo del crimen.—A. Pereira Alves.

    Sin foto

    Alfredo Lerin


    Autor independiente evangélico

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