Lavamiento de manos, pies y corazón

Como los judíos comían de un plato común, sin cuchillos ni tenedores, era necesario que sus manos estuvieran completamente limpias para comer. El deber de lavárselas con anticipación en agua pura era considerado como asunto de obligación religiosa, y regulado por severas leyes rituales. Como no usaban zapatos sino sandalias cuando caminaban, al llegar a una casa los criados lavaban los pies de los caminantes. Algunas veces, como demostración de mucho respeto, el mismo dueño de la casa hacía esta operación. En días de fiesta los pies eran, además de lavados, ungidos. Pero “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).— Autor desconocido.

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Alfredo Lerin


Autor independiente evangélico

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