El farol del ciego

Un caballero estaba atravesando las calles obscuras de cierta ciudad, y vio que se le acercaba un hombre con un farol encendido en la mano. Cuando se acercó bastante, el caballero vio, por la luz de la linterna que ese hombre llevaba, que éste tenía los ojos cerrados. Pensativo, siguió adelante el caballero, mas sorprendido, se dijo: “Me parece que ese hombre está ciego.” Entonces regresó, alcanzó al ciego, y le dijo:

—Amigo, ¿es usted ciego?

—Sí, señor —contestó el interpelado.

—Entonces, ¿para que lleva usted esa luz?

—Para que la gente no tropiece conmigo, señor.

De este ciego podemos aprender que es necesario hacer brillar nuestras luces para que evitemos que otros tropiecen a causa de nuestra ceguera espiritual.

Sin foto

Alfredo Lerin


Autor independiente evangélico
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