Citas e ilustraciones del evangelio, en los Biblicomentarios

El conocimiento no asegura la salvación

El apóstol de la antigüedad reprendió a sus hermanos por motivo de profesar vanamente ciertas cosas (Sant. 2:19). Afirmó en substancia: Con orgullo y satisfacción declaráis vuestra fe en Dios; os jactáis de no ser como los idólatras y los paganos porque aceptáis a un Dios; hacéis bien en profesar y consiguientemente, creer. Mas recordad que otros hacen lo mismo; aun los demonios creen; y creen tan firmemente que tiemblan cuando meditan el destino que esa creencia les revela. La confesión de los demonios, que Cristo era el Hijo de Dios, estaba basada en el conocimiento; sin embargo, la gran verdad que ellos conocían no cambió sus naturalezas inicuas. Cuán diferente la confesión del Salvador que éstos hacían, y la de Pedro, que, respondiendo a la pregunta del Maestro: “Vosotros, ¿quién decís que soy yo?” contestó casi en los mismos términos que los espíritus inmundos ya mencionados: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:15, 16; véase también Marc. 8:29; Lucas 9:20). La fe de Pedro ya había manifestado su poder vivificante; lo había hecho abandonar mucho de lo que estimaba; lo había hecho seguir a su Señor en medio de la persecución y el sufrimiento; había dejado las cosas del mundo con sus atracciones, por la piedad sacrificadora que su fe tanto le hacía anhelar. El conocimiento que tenía de Dios como el Padre, y del Hijo como el Redentor, quizá no era mayor que el de los espíritus inmundos; pero mientras que para éstos aquel conocimiento no era sino causa adicional de condenación, para Pedro fue un medio de salvación.—Compendiado de Los Artículos de Fe, por el autor, páginas 106-108.

James E. Talmage

James E. Talmage


Autoridad General
Capítulos relacionados: Mateo 16, Marcos 08, Lucas 09, Santiago 02,

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