Declinando el espíritu de contención

El señor Grimshaw estaba una vez con un noble, quien desgraciadamente había tenido una larga disputa con dos eminentes predicadores, en la cual, como sucede en tales casos, la victoria fue reclamada por ambos lados. El noble, encontrándose después con el doctor Grimshaw, quiso inducirlo de igual manera a una disputa; pero él rehusó hacerlo con estas palabras: “Señor, si usted desea información, puedo hacer cuanto esté de mi parte para dársela; pero el mal de usted no radica en la cabeza, sino en el corazón de donde podrá extirparlo el poder divino; oraré por usted.” El noble, lejos de sentirse ofendido, lo trató con un respeto especial y dijo después que estaba más complacido y más impresionado por la espontaneidad, firmeza y simplicidad de esta respuesta, que por cualquiera otra cosa más que hubiera podido oir de parte de sus oponentes.—Comper Gray.

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Alfredo Lerin


Autor independiente evangélico
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