Citas e ilustraciones del evangelio, en los Biblicomentarios

Cuáles eran las características principales de la lepra en los tiempos bíblicos

Apenas hay una enfermedad más repugnante, corruptora y desesperada que la lepra. Hasta el día de hoy sigue siendo incurable excepto por intercesión divina. El lenguaje típico que describe la lepra de los tiempos bíblicos se cita en Jesús el Cristo, pp. 199-201. Por ejemplo: «La lepra era nada menos que una muerte viva, una corrupción de todos los humores, un envenenamiento de las fuentes mismas de la vida; una disolución, poco a poco, de todo el cuerpo, de modo que un miembro tras otro se pudriera y cayera. Aarón describe exactamente la apariencia que el leproso presentaba a los ojos de los espectadores, cuando, suplicando por Miriam, dice: «No sea ella como un muerto, cuya carne está medio consumida cuando sale del vientre de su madre». (Números 12:12.) La enfermedad, además, era incurable por el arte y la habilidad del hombre; no para que el leproso no volviera a la salud; pues, por muy raros que sean, tales casos están contemplados en la ley Levítica». (Trench, Notes on the Miracles, pp. 165-168, citado, Talmage, pp. 200-201.) También: «Los síntomas y los efectos de esta enfermedad son muy repugnantes. Llega una hinchazón o costra blanca, con un cambio del color del cabello…. de su tonalidad natural a amarillo; luego la aparición de una mancha más profunda que la piel, o carne cruda que aparece en la hinchazón. Luego se propaga y ataca las partes cartilaginosas del cuerpo. Las uñas se aflojan y caen, las encías se absorben y los dientes se pudren y caen; el aliento es un hedor, la nariz se pudre; los dedos, las manos, los pies, pueden perderse, o los ojos se consumen. La belleza humana ha caído en la corrupción, y el paciente siente que está siendo devorado como por un demonio, que lo consume lentamente en una larga e implacable comida que no terminará hasta que sea destruido. Está excluido de sus semejantes. A medida que se acercan, debe gritar: «¡Inmundo! ¡Inmundo! Debe abandonar a su mujer y a su hijo. Debe ir a vivir con otros leprosos, en una visión descorazonadora de miserias similares a las suyas. Debe vivir en casas desmanteladas o en las tumbas». (Deems, Luz de las Naciones, p. 185, citado, Talmage, p. 199.)

Bruce R. McConkie


Autoridad General
Capítulos relacionados: Números 12, Mateo 08,

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