Introducción

La tentación de abandonar un llamamiento para complacer la presión social o por satisfacer los intereses materiales no es exclusiva de nuestros tiempos. Pablo de Tarso y sus colaboradores, a quienes se ha dado en llamar “el equipo paulino“, tuvieron que luchar contra corriente en lugares como Colosas, fuertemente expuestos a la tentación de un mundo materialista y envolvente. Adicionalmente, estaban sujetos a la persecución de enemigos incesantes, aún a la amenaza de muerte. No todos pudieron resistir valientemente. Hoy te comentamos el caso de Demas, el siervo de Dios en quien el apóstol Pablo de Tarso depositó una gran confianza y estima, pero que acabó abandonándolo en el momento de mayor necesidad.

Quién era Demas

Demas (nombre abreviado de Demetrio, (que significa “perteneciente a Deméter”, diosa griega de la agricultura) es un personaje bíblico mencionado brevemente en tres epístolas de Pablo de Tarso en el Nuevo Testamento. Citaré estas menciones en orden cronológico para trazar su historia hasta donde nos es posible vislumbrarla.

En torno al año 60, Pablo de Tarso estaba encarcelado por vez primera en Roma y desde allí escribe varias epístolas a congregaciones (o iglesias) en las que incluye los saludos de Demas. 

Compañero de Lucas el evangelista

En la carta que escribe a la congregación de Colosas, es decir, en la epístola de Colosenses, Pablo de Tarso incluye el saludo de Demas junto al del médico Lucas, el evangelista, y de otros acompañantes.

Demas, colaborador cercano de Pablo de Tarso

En esa misma época, Pablo de Tarso escribe a un compañero cristiano que es también de Colosas, Filemón, a quién transmite los saludos de Demas.

En esta mención es posible vislumbrar el cariño de Pablo de Tarso por Demas y por el resto de su equipo, a quienes sin duda considera cercanos, tal vez incluso íntimos. Al escribir desde prisión, Pablo sin duda les consideraba como su único apoyo y valoraba en alto grado su ayuda.

Pablo de Tarso es abandonado por Demas

Finalmente, en torno al año 65 (según otras fuentes años 66 o 67) en su segunda epístola a Timoteo también escrita en Roma, Pablo de Tarso acusa a Demas de haberle abandonado “por amor de este siglo” o, según otras traducciones bíblicas, por amor “a este mundo”, en contraposición con la esperanza cristiana de una vida futura superior.

Aunque Pablo no menciona explícitamente la causa del abandono de Demas (si es por amor a lo material o por temor al martirio que efectivamente acabó con la vida de Pablo en los días de Nerón) queda claro en su declaración la opinión del apóstol de la pérdida que significaba para Demas su postura. Existe un posibilidad de que Tesalónica haya sido la ciudad natal de Demas y que por ello haya regresado a ese lugar.

Conclusión

En las epístolas de Colosenses y Filemón se menciona también a Aristarco, otro miembro del equipo paulino, quien defendió a Pablo en una confrontación (Hechos 19:29), le acompañó en un naufragio (Hechos 27:2) y no dudó en acompañarle en medio de gozos y desventuras. Junto a Demas, es llamado también por Pablo como uno de “sus colaboradores” (Filemón 1:24). Pablo le llama también, cariñosamente, “mi compañero de prisiones” (Colosenses 4:10).

Vemos así un contraste notable entre la actitud de Aristarco, que era también nativo de Tesalónica, dispuesto a dar la vida y constante en sus misiones; Lucas, de quien Pablo de Tarso dice en sus momentos finales “sólo Lucas está conmigo y Demás, quien tomó la determinación de abandonar la misión para retornar al mundo.

Si bien no sabemos suficiente sobre Demas para reconocer sus motivos y los detalles de una historia que la información disponible apenas y nos deja entrever, sí podemos percibir los efectos que tuvo este abandono, tanto en Pablo de Tarso, que quedó sólo en el momento más crítico de la persecución, como en el propio Demas, que perdió mucho más que gloria y honores al dejar una causa que superaba, por mucho, las riquezas de esta vida y lo que el mundo pudiera ofrecer. La situación y trayectoria de Demas debe servirnos para levantar una reflexión en cuanto a la actitud que debemos desarrollar con respecto a nuestros propios llamamientos, nuestra esperanza en Jesucristo y nuestra fidelidad a la Iglesia y Reino de Dios.